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| RCA 63-1008 |
Fue el baterista Torombolo quien me presentó a The Archies. Acababan de dar un concierto en el Riverdale Auditorium en una época cuando la serie animada se transmitía cada semana por televisión y su primer álbum era la banda sonora de todos los adolescentes. Yo me convertí en su sombra.
Mantenía un constante contacto con ellos y no me perdía un solo ensayo o una presentación. Sin embargo, mi verdadera razón tenía nombre y apellido: ¡Verónica del Valle! Yo la miraba de reojo, siempre deslumbrante al teclado, con una elegancia que me quitaba el aliento. En los ensayos yo era un espectador mas, perdido en la forma en que ella sonreía sin dejar de tocar, era guapa a rabiar.
Pero ocurrió cierta mañana que todo cambió. Torombolo y Archie Gómez, el alma y guitarrista del grupo, me buscaron con cara de pánico.
—Se trata de Carlos Marín, nuestro bajista —dijo Archie, pasándose una mano por su cabellera peliroja. —¡Una emergencia dental! El dentista dice que necesita varios días de reposo.
—Conoces nuestra música mejor que nadie y además sabemos que tocas el bajo —añadió Torombolo, dándome una amistosa palmada en la espalda que casi me derriba. —Necesitamos tu ayuda, tenemos que terminar el nuevo álbum a tiempo.
Mi mente estaba todavía llena de suspiros hacia Verónica mientras caminaba hacia el estudio, pero entonces, la música lo absorbió todo. Bajo la supervisión del genial productor Jeff Barry, nos sumergimos en los arreglos. Participar en la alquimia pop de "Sugar, Sugar" y, sobre todo, jugar con la sólida y a la vez libre estructura de "Melody Hill" fue una verdadera revelación. El mundo exterior se desvaneció.
Pero en una pausa mientras afinaba el bajo noté que Betty Rosas, la preciosa cantante rubia, me observaba con una sonrisa genuina. Me ofreció un refresco.
—Suena increíble lo que estás haciendo con esa línea de bajo en "Melody Hill" — me dijo, y su voz no tenía aquel frío eco distante y glamoroso de Verónica, sino una calidez cercana y sincera.
En ese momento, entre acordes y sonrisas, el hechizo de la elusiva señorita del Valle se rompió para siempre. ¡Mi corazón, casi sin darse cuenta, había encontrado su colina de melodía!
"Sugar, Sugar" y "Melody Hill" fueron incluídas en el célebre álbum Everything's Archie lanzado en 1969. Atendiendo una solicitud especial del director musical Don Kirschner, mi participación se mantuvo como un secreto. Mi nombre nunca fue mencionado, pero el discreto sonido de mi bajo quedó sellado en ese sencillo que, desde entonces, forma parte de la leyenda musical del siglo XX.


